Entradas

Pero yo, aún sigo aquí...

La primera imagen viva que tengo de todo esto, es a los tres años; él me sostenía en sus brazos como si yo fuese aire, su rostro se iluminaba con la sonrisa más bonita y sincera de todas. ¿Y cómo no amar y ver a tu hija de esa forma? pero ¿en qué momento se acabo eso? Ahora él sonríe y ríe de vez en cuando, no de la misma manera ni por el mismo motivo. Es bastante triste y cansado ver a tu "súper héroe" derrotado por la falta de dinero, por la escasez de tiempo, por el cambio de personajes, por ver diferente el paisaje. Daría todo por verlo feliz, porque se alegre de que ahora yo tengo un hombre bueno a mi lado  que intenta protegerme casi tan bien como él un día lo hizo. Quisiera tanto que su bendición nos llenara de alegría. Cuando mamá murió pensaba que nuestras vidas serían un poco más unidas a consecuencia de que algo nos faltaba a los dos, pero ahora, ahora me veo en el espejo y me detesto; odio parecerme tanto a ella. Odio recordársela y que cada mañana al e...

Pero ya por fin entendí.

Y ahora he entendido todo; tu falta de atención, tus interminables disculpas por no estar, los mensajes alternos cada dos semanas e inclusive las excusas para no hablar de lo que sientes.  Está más que claro, y bien dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver; porque yo lo soy. Porque no importa si te has disculpado mil veces, yo te digo mil y un veces más que no tienes por qué hacerlo, y  vienen las cosas bonitas, el sentir(creer) que me quieres, porque estoy acostumbrada a recibir todo lo poco que das en solo unos días para que después todo se vuelva casi sombrío hasta desaparecer. Y no es que no tengas tiempo, tampoco es que yo no sea clara con mis sentimientos hacia ti, ni mucho menos que te alejes porque piensas que estaré mejor con alguien más que contigo, ni mucho menos que el tiempo y los par de kilómetro, las agendas reducidas o el tipo de clima y las veinti tantas tonterías que dices para no decirme a mí que sí. Porque no es que no sepas cómo quererme o qué ...

Cuando dejes de doler.

Hace un par de días que voy pensando más de lo normal, en cómo acabó todo y cómo empezó; la primera cita junto con el primer beso, el primer te quiero con un poco de helado, la primera pelea que terminó en sexo, el primer te amo con lágrimas en los ojos. A decir verdad no esperaba que siguieras en mí, juré que estabas a nada de salir de mi vida inclusive antes de que todo acabará; y me he equivocado. Supongo que siempre lo hago, siempre he supuesto cosas, he dado por hecho algo que termina siendo lo contrario. Y puedo decirte que hablar de ti hace un año era tenerte rencor, odiarte con todas las ganas que me daban, repudiar las palabras de cariño que alguien me recordaba que venían de ti. Tampoco voy a mentirte que no siguen siendo así, porque inclusive cuando siguen mencionándote algo dentro de mí se mueve como esperando a darte esa bofetada que realmente te mereces. Sigo preguntándome ¿hasta cuando? ¿Hasta cuando dejarás de estar presente en mí?, inconscientemente, p...

Cinco minutos más.

Dame otros cinco minutos, vuelve a mí como solías hacerlo, grita cuando estés molesta y llora cuando te sientas vulnerable.  Inclusive aguantaré que digas una y otra vez que tan necesitada puedes llegar a ser, y yo volveré a decirte que me quedaré.  Vuelve a ser mía, aunque nunca lo fuiste.  Vuelve a sonreírme de la manera en que lo hiciste.  Llama a las dos de la mañana solo porque querías oír mi voz.  Manda un mensaje de texto solo para recordarme que la carne roja me hace daño, o que nuestro equipo favorito ganó.  Quizá hasta te pueda dar la razón justo cuando dices que llegas a quererme más.  Dame cinco minutos más mientras tus manos se acomodan debajo de mis costillas y hundes tu cara en el espacio qué hay entre mi cuello.  Festeja de felicidad cuando has hecho lo que más te satisface, corre entre la multitud solo para chocar tus labios contra los míos.  Golpea tan fuerte mi cabeza con tus “te amo”.  Gir...

Y aquí estamos.

Quién nos iba a decir a nosotros que, después de tanto tiempo, volveríamos a estar en el mismo punto exacto que cuando nos conocimos. Han pasado muchos meses, años incluso, y, en cambio, aún parece que fue ayer. Tu misma cálida sonrisa, tus mismas bromas improvisadas, tu peculiar inocencia bañando aquel bonito corazón, flotando entre largas conversaciones que, al igual que hoy, no deseaba que tuvieran fin. Tanto tiempo recorriendo caminos separados y, a decir verdad, parece que nunca te hubiera soltado de la mano. Supongo que así pasa con todas las cosas que son de verdad, con todas y cada una de esas cosas que consiguen llegar tan dentro que, ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera cualquier otra circunstancia, consiguen alterarlas, cambiarlas, o romperlas en pedazos. Y tú, como intuí el primer día que la casualidad te puso en el lugar exacto, en el momento y sitio perfectos, llegaste para quedarte. Pasaste de ser alguien cuyo nombre ni siquiera conocía a convertirte en una persona...

Esperé por ti, pero llegaron por mí.

Fue tanto tiempo que rogué volvieras a mí. Que un día, de la nada todas tus ganas de estar conmigo regresarán y pudiéramos reescribir el futuro, planear nuestro presente y olvidar lo pasado (lo herido). Me senté más de 500 veces en nuestro "lugar especial", fumando, tomando, llorando, pensándote, pidiéndote. Te esperé, largos y tediosos días. Conté los meses que faltaban para esa fecha en especial, ingenuamente pensando que la recordarías y todos tus sentimientos florecerían junto con la primavera. Recité una y mil veces tus cartas para que no se me olvidará cada palabra, cada promesa, cada espacio, cada coma, cada punto, cada esencia de ti en ellas. Inclusive me emocionaba tanto como las primeras veces el solo hecho de pensar en tu regreso. Me quedé años enteros pensando en tus "te amo" susurrados a las dos de la mañana, y ansiaba tanto que volvieran. Y me perdí tanto en ti, que un día, de la alguien me escuchaba hablar de ti, de la forma más tradicional que...

All I want for X-MAS is not you.

El correo había llegado, y mi mamá me sorprendió dándome un sobre. ¿Para mí? Si yo casi nunca recibo correspondencia. Era un sobre color rosa, con mi nombre en él. Subí a mi cuarto y aventé el sobre a la cama, no me interesaba mucho qué había dentro, era un poco irrelevante. A eso como de las cinco de la tarde volví a subir, había olvidado que tenía que abrirlo. Tarde unos segundos pensando qué podría ser. En fin, termine por abrir cuidadosamente dicho sobre, era una tarjeta navideña. En seguida pensé que  la agencia de mis seguros lo había mandado, siempre recibo tarjetas de cumpleaños junto con antifaces y una frase  motivadora con mi nombre en mayúsculas. Pero no, no era de la agencia, ni tampoco de nadie de mi familia. “Todo lo que quiero para Navidad… eres tú” y una firma muy familiar. Me quedé segundos sin hacer nada. Era de quien me dolió, de quien me partió el alma. Pensé en tener algún tipo de sentimiento respecto a eso, pero no surgió nada. No me hacía s...