Esperé por ti, pero llegaron por mí.
Fue tanto tiempo que rogué volvieras a mí. Que un día, de la nada todas tus ganas de estar conmigo regresarán y pudiéramos reescribir el futuro, planear nuestro presente y olvidar lo pasado (lo herido). Me senté más de 500 veces en nuestro "lugar especial", fumando, tomando, llorando, pensándote, pidiéndote.
Te esperé, largos y tediosos días. Conté los meses que faltaban para esa fecha en especial, ingenuamente pensando que la recordarías y todos tus sentimientos florecerían junto con la primavera.
Recité una y mil veces tus cartas para que no se me olvidará cada palabra, cada promesa, cada espacio, cada coma, cada punto, cada esencia de ti en ellas.
Inclusive me emocionaba tanto como las primeras veces el solo hecho de pensar en tu regreso.
Me quedé años enteros pensando en tus "te amo" susurrados a las dos de la mañana, y ansiaba tanto que volvieran.
Y me perdí tanto en ti, que un día, de la alguien me escuchaba hablar de ti, de la forma más tradicional que alguien escucha lo maravilloso de otra persona. Y él me hablaba de golf, rock, cine, teatro, vinos, letras, galaxias, poemas, pinturas, helados. Sin darme cuenta, un día, le preste atención a cada detalle pensando en que podría encontrarte en ello, pero deje de mencionarte.
Dejé de hablar de ti, y pensé, me mantuve callada, quizá si regresabas iba a ser porque realmente eramos uno para el otro. Que no tenía por qué seguir buscando la sombra de quien ya no estaba, y solo esperar a que el tiempo pasará, a que yo pasará y así volverías.
Me encontré, un día, riendo al lado de alguien que era todo lo contrario a ti. Me encontré siendo feliz, olvidando lo melancólica que me ponía el pensar en ti. Me encontré viendo el sol a través de su cabello. Y arrugando la nariz similar a él cuando contaba un mal chiste. Hallé mi emoción al verle y las carcajadas a las tres de la mañana con un cigarrillo en la mano y una copa de vino. Me encontré acomodando su cabello y él sonriéndome como sí su deseo se hubiese cumplido. Hallé helado de galleta en el sillón de la sala y olor a vainilla en las sábanas.
Me encontré, un día, siendo tan feliz como no lo había sido desde que te esperaba.
Entonces lo supe, supe que no tenía que esperar por ti, porque alguien, ese alguien, vino por mí.
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