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Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito

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Cualquiera diría al verte que los catastrofistas fallaron: no era el fin del mundo lo que venía, eras tú. Te veo venir por el pasillo como quien camina dos centímetros por encima del aire pensando que nadie le ve. Entras en mi casa -en mi vida- con las cartas y el ombligo boca arriba, con los brazos abiertos como si esta noche me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho, con las manos tan llenas de tanto que me haces sentir que es el mundo el que me toca y no la chica más guapa del barrio. Te sientas y lo primero que haces es avisarme: No llevo ropa interior pero a mi piel le viste una armadura. Te miro y te contesto: Me gustan tanto los hoy como miedo me dan los mañana. Y yo sonrío y te beso la espalda y te empaño los párpados y tu escudo termina donde terminan las protecciones: arrugado en el cubo de la basura. Y tú sonríes y descubres el hormigueo de mi espalda y me dices que una vida sin valentía es un infinito camino de vuelta, y mi miedo se quita las bragas y se lanz...

La cagué, lo acepto.

Hoy me hablaron de ti, alguien en particular. Todo empezó como la típica charla cliché, conversando de cómo nos fue en el día, lo deprimente que es ir al colegio a calentar la banca porque no se encuentra algo más efusivo que hacer, entre otras cosas más.  Nunca me hubiera imaginado que en ese instante saldrías tu en nuestra pequeña platica sin sentido, él me dijo -Hace tanto que extraño verte con Jaqueline, hace miles de siglos (exagerando) que he visto el distanciamiento de una amistad muy bonita.- Pero lo que él no sabía es que simplemente no fue una amistad, tú te lo tomaste tan a la ligera, después de tantos sentimientos míos esperaba algo de tu parte, pero nunca nada de lo que hiciste me lleno.  Quizá fue por inseguridad mía, quizá fue mi desconfianza, el no ser suficiente y que de cierta manera sintiera que me lo ibas a dar todo... pero nunca fue así.  -Me encantaba verlas reír. -continuó- Era muy placentero verlas juntas y por un instante percibir que eran...

La razón por la que te dejé.

Quisiera que fuese por falta de amor, tener que justificar mi ausencia, porque el cariño ya no era suficiente. Hubiera preferido haberte dicho <<Lo siento, pero no te necesito>>, inclusive sino fuese así del todo. Pero la realidad es otra, me voy porque todo lo que hay en ti es todo lo que ahora odio. Odio tus gestos al comer, y el ruido que emana tu boca con cada bocado o con sorbo que das en la merienda. Odio tu risa, odio tu sarcasmo, odio tus dedos grandes y gordos sosteniendo mi rodilla. Odio tu repulsivo olor constante a papas fritas y cigarros. Odio rotundamente tu adicción por la bebida. Odio los días de frío en los cuales prefieres no ducharte y quedarte en casa viendo películas conmigo. Detesto tu pasión por algo desinteresante para mí. Odio que digas quererme cuando sabes me estás perdiendo. Odio tu falta de valor por las cosas. Odio tu barbilla de 2 días queriendo encontrar mi cuello. Odio el tener que ir a la ducha y encontrarte de casualidad. Odio ...

Yo no movería un dedo por ti.

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Claro, no lo haría. No gastaría mi tiempo y mi esfuerzo, y quizá hasta un poco de mi cariño por ti.  No apagaría la luz de tu cuarto cuando estuvieras completamente dormido. Tampoco correría fuera de tu colegio para un abrazo tuyo. Mucho menos pasaría tardes de lluvia fumando un poco de marihuana tomándonos de la mano. Tal vez tiempo atrás lo hubiera hecho, puede que meses antes de tu terrible enfriamiento de sentimientos hubiera compartido mi tiempo contigo. Ahora ya no. No es porque no quisiera hacerlo, porque te puedo asegurar que antes de mí no hubieras recibido un no con tus tantos besos por toda la superficie de mi cara. Pero con el tiempo me di cuenta de que eso era. Una superficie plana y vacía que no tenía algo que ofrecerme.  No te iba a esperar toda la vida. No iba a jurar que no me iría, aunque hubiera querido quedarme. Porque querido, esto nunca se trato de ti.  Se trato de mí haciendo el esfuerzo para no romperme a llorar y tu insuficiente dese...

No me mires.

No me mires si ya no me hablas. No me mires si estas con ella. No me mires que me lastimas. No me mires si no dirás nada. No me mires si ya no me extrañas. No me mires que me confundes. No me mires que solo traes recuerdos. No me mires si no eres mío. No me mires que caeré de nuevo. No me mires que fuiste tú el que se fue. No me mires si no planeas regresar. No me mires que me ilusionas. No me mires que quedó sin habla. No me mires y después desaparezcas. Pero mírame. Mírame que te extraño. Mírame si piensas en mí. Mírame aún estando con ella. Mírame y recuérdame. Mírame sin miedo Mírame si quieres. Mírame y enamórate de nuevo. Mírame si vas a regresar. Mírame si te arrepientes. Mírame porque me extrañas. Mírame porque te quiero. Mírame porque aun me quieres. Pero las miradas no cambiaran nada si sigues con ella y no haces nada por estar aquí.

Para "C".

Encontré a una mujer de ojos color ciruela, sus cejas hacen contorno con su corazón. Aún no tengo mucha idea de por qué la encontré, de por qué vino a mi vida en un abrir y cerrar de ojos. Y tengo la ligera sospecha de que es para cambiar algo; en mi rutina, en mi día a día, en cualquier noche de verano como la de hoy, en mis letras, hasta quizá en mi corazón. Y no es que tenga la noción de cada cosa que hago, pero ahora, me fijo más y cuando me dijo más la encuentro a ella. No me había percatado, o tal vez, sólo la evadí todo este maldito tiempo. Hoy es la tercera vez que escribo para ella, y probablemente lo sepa, y probablemente nunca se lo diga. Porque tengo miedo de que esto sobre pase mis sentimientos. Aún le huyo a todo lo que pueda o tenga que ver con la susodicha. Y muchos pueden llegar a saber su nombre, y otros tantos sólo sepan de su existencia. Pero hoy, hoy hablo y escribo para ella. Aunque tenga los ojos tapados o los oídos cerrados. Puedo hablar mil cosas de ella, pero ...

Lo peor es que aún te espero.

Y lo peor es que aún te espero... Aún espero una palabra tuya, una caricia, un suspiro, una sonrisa.  Aún sigo esperando tus "buenos días, princesa".  Aún sigo buscando entre tantas cartas los "te quiero", los "te extraño".  Aún sigo esperando a que vengas y me digas que nunca te fuiste, que nunca estuviste totalmente ausente.   Sigo esperándote en la parada del autobús, por si algún día llegas a estar ahí corras hacia mí y me abraces como lo solías hacer justo cuando me veías llegar de un sitio.  Sigo empapada de tantas palabras y acciones bonitas, de tantas canciones y amaneceres a tu lado.  Porque quiero que te des cuenta de que te sigo esperando, una y mil veces, una que otra vida. Y tal vez es porque me acostumbre a ti. A la forma en que caminas, que ríes y lloras por todo. Me acostumbré a tu aroma y a lo cálido que era despertar entre tus brazos. Me quedé suspendida en lo tibio de tus besos y en lo reconfortante de todas tus pala...