La cagué, lo acepto.


Hoy me hablaron de ti, alguien en particular. Todo empezó como la típica charla cliché, conversando de cómo nos fue en el día, lo deprimente que es ir al colegio a calentar la banca porque no se encuentra algo más efusivo que hacer, entre otras cosas más. 
Nunca me hubiera imaginado que en ese instante saldrías tu en nuestra pequeña platica sin sentido, él me dijo -Hace tanto que extraño verte con Jaqueline, hace miles de siglos (exagerando) que he visto el distanciamiento de una amistad muy bonita.- Pero lo que él no sabía es que simplemente no fue una amistad, tú te lo tomaste tan a la ligera, después de tantos sentimientos míos esperaba algo de tu parte, pero nunca nada de lo que hiciste me lleno. 
Quizá fue por inseguridad mía, quizá fue mi desconfianza, el no ser suficiente y que de cierta manera sintiera que me lo ibas a dar todo... pero nunca fue así. 
-Me encantaba verlas reír. -continuó- Era muy placentero verlas juntas y por un instante percibir que eran una sola, nunca dijeron que eran mejores amigas, pero parecían. Les tenía envidia, habían encontrado una alma gemela, el complemento, aunque nunca en la vida hubiera podido pasar algo. Porque claro, a las dos les encantas los hombres...- mientras él continuaba hablando yo te recordaba como la bonita casualidad. 
Empecé a recordar todas las promesas, todas las risas y los besos a escondidas; que aunque incomodaban por el hecho del miedo, siempre fueron los que extrañaba cada centímetro lejos de tus labios. 
- Quizá debieron de haber arreglado las cosas -suspiro- El hecho de que ella hubiera conseguido pareja no era motivo para distanciarse, tú hubieras hecho lo mismo y la falta de tiempo se hubiera compensado con las parejas respectivas, pero ya sé tú -en ese momento interrumpí con un suspiro largo y fuerte-.
Veras George. -continué para detener lo que me atravesaba como daga- Hay veces en donde no es suficiente una amistad, sí, confieso que ella y yo tuvimos nuestros días bonitos, nuestros días malos -en ese momento lo recordé todo, como si fuera un flash-back de todo lo nuestro- Pero también las circunstancias no son las adecuadas. Te diré, estaba celosa, celosa de que él tuviera la atención que era mía, sí, suena egoísta, pero es mi verdad. Nunca se lo dije, nunca le reproche nada, porque estaba claro que eso a mí no me correspondía -se me hizo un nudo enorme en la garganta y por primera vez sentí que a él se le aclaraban las ideas-.
-Lo siento, tengo que irme -dijo sin más y vi como se alejaba, volteo y me regalo una sonrisa-  
La misma sonrisa, era ver dos gotas de agua Y pues claro estaba, el ser hereditario bastante daba la explicación. Encendí la mitad de mi último cigarrillo y entonces recordé la primera vez que te vi, el instante en donde mi vida cobro algo de sentido. Nunca en mi puta vida me había gustado una sonrisa, me había hecho temblar desde dentro con una inmensidad mutable. Comenzó a llover, y yo junto con las nubes, no me moví, no tenía fuerzas, me las había gastado todas en pensarte. Y entonces el enfoque de un instante me recorrió, eras tú discutiendo por el miedo a ser juzgada, era yo queriendo sacar todo; dejar de fingir algo que iba más allá. Pero claro, ese siempre fue un miedo tuyo que nunca logré consolidar como algo mundano. 
Recordé tu incapacidad por darlo todo, y mi impotencia por demostrarte tantas cosas fuera de un cuarto obscuro lleno de abrigos viejos de todo tipo de material. 
Paró de llover y después de un largo rato sentada en la cera, viendo pasar a niños brincoteando en los charcos, me di cuenta que la cagué, la cagué por completo. Todas las ideas que tenía respecto a ti habían cambiado, me había percatado de que fui yo quien te orillo a muchas cosas. Fui yo la que te sembró cierto temor, porque al ser insegura ¿qué podría ofrecerte a ti? 
Mi mente se aclaro como las nubes obscuras que se alejaban para ir a llover a otro lado, por primera vez me echaba la culpa a mí y con justa razón. Tú nunca fuiste la del problema, debí haberte dado tiempo, debí haber sabido como comportarme fuera de nuestro refugio. Cuando tu me decías que te soltará, debí de hacerlo, por pena con tus amigos aunque ellos no sospecharán nada. 
Pero hubiera querido que también tú te hubieras tomado la molestia de entenderme a mí, de ver que yo quería mostrarte lo mejor de mí porque me llenabas. 
Y luego llegó él... llego moviéndote todo, y pues claro, el ser mi amigo y contarle cosas de ti le dio siempre cierta ventaja. Supo cada detalle tuyo gracias a mí. El primer ramo de flores que él te regalo, yo lo elegí. ¡Estupidez total! Lo sé, y sin embargo quería que fueses feliz, y él quizá fue el mejor para ocupar mi lugar. Si es que en algún punto lo llegue a tener. Ya no sabía si lo tenía, con tanta indiferencia, con tantos reclamos míos, con tanta hostilidad tuya de aguantarme. 
Cuando Daniell me confeso que le gustabas sentí ganas de arrancarle la cabeza, pero no podría hacerlo, no a mí mejor amigo. Todo mi cuerpo ardía de rabio, quería gritarle que se alejara de ti, que no te volviera ni a dirigir una mirada ni mucho menos la sonrisa de un hola. Pero también estaba el otro lado de mi moneda, en donde no veía que fuera a ocurrir nada nuevo y nos la pasáramos escondiendo debajo de alguna alcantarilla obscura y fría. 
Sin duda fue la peor y mejor decisión que pude tomar en esos instantes. 
La cagué tantas veces contigo, como tú conmigo. Nos hacíamos daño no por que quisiéramos, simplemente no sabíamos manejar esta situación.
Pero dime, si eres feliz con él, mucho más de lo que fuiste conmigo. Dime que te sientes más segura y más completa a su lado y te prometo por mi madre que me voy. 
Quiero escuchar una maldita puta palabra que me confirme lo que yo sé qué no es verdad. Porque aunque fuese mentira, si tú me afirmas algo de eso, estaré satisfecha con mi esfuerzo por darte lo mejor. 
¡DÍMELO, DÍMELO AHORA, YA!
Porque si tu respuesta es la que yo quisiera escuchar, el saber que nadie te hace tan feliz como yo, dejo al lado mi maldito orgullo y me quedo contigo, de la manera más existente posible. 

Sé que es demasiado tarde, y que la he cagado, le he echado tanta mierda a todo esto que se ha podrido por completo. Acepto cualquier cosa tengas por decirme, pero por favor, te ruego. 
Respóndeme. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sin ser egoísta... te quise, te quiero.

Nos vi, pero ya no éramos, y creo que nunca fuimos.

Las cosas que no te digo