Yo no movería un dedo por ti.
Claro, no lo haría. No gastaría mi tiempo y mi esfuerzo, y quizá hasta un poco de mi cariño por ti.
No apagaría la luz de tu cuarto cuando estuvieras completamente dormido. Tampoco correría fuera de tu colegio para un abrazo tuyo. Mucho menos pasaría tardes de lluvia fumando un poco de marihuana tomándonos de la mano.
Tal vez tiempo atrás lo hubiera hecho, puede que meses antes de tu terrible enfriamiento de sentimientos hubiera compartido mi tiempo contigo. Ahora ya no.
No es porque no quisiera hacerlo, porque te puedo asegurar que antes de mí no hubieras recibido un no con tus tantos besos por toda la superficie de mi cara. Pero con el tiempo me di cuenta de que eso era. Una superficie plana y vacía que no tenía algo que ofrecerme.
No te iba a esperar toda la vida. No iba a jurar que no me iría, aunque hubiera querido quedarme.
Porque querido, esto nunca se trato de ti.
Se trato de mí haciendo el esfuerzo para no romperme a llorar y tu insuficiente deseo para decirme que me quedará un minuto más. Cosa que nunca hubieras hecho. Porque en realidad querías que me fuera.
Y ahora me extrañas, y lo entiendo, yo igual hubiera extrañado tantos sentimientos inverosímiles si vinieran de ti. Yo igual estaría buscándote en este preciso momento si fueras tú el que tuviera puesta la cabeza justo debajo de la guillotina, esperando la ejecución y que alguien te dijera <<Abre los ojos, nunca hubo una realidad como tal>> y dejará desplomar su filo sobre mi cuello.
Quizá hubiera sido menos doloroso si hubiese pasado así. Por algo pasan las cosas, por algo ahora soy yo quien no quiere verte ni un instante más.
Ahora soy yo quien no quiere mover ni un dedo por ti, porque lo sabes, claro, tú nunca moviste uno por mí.
Me he dado cuenta ahora, y ahora es para siempre, y para siempre es mi adiós.

Comentarios
Publicar un comentario