La razón por la que te dejé.
Quisiera que fuese por falta de amor, tener que justificar mi ausencia, porque el cariño ya no era suficiente. Hubiera preferido haberte dicho <<Lo siento, pero no te necesito>>, inclusive sino fuese así del todo.
Pero la realidad es otra, me voy porque todo lo que hay en ti es todo lo que ahora odio.
Odio tus gestos al comer, y el ruido que emana tu boca con cada bocado o con sorbo que das en la merienda.
Odio tu risa, odio tu sarcasmo, odio tus dedos grandes y gordos sosteniendo mi rodilla.
Odio tu repulsivo olor constante a papas fritas y cigarros. Odio rotundamente tu adicción por la bebida. Odio los días de frío en los cuales prefieres no ducharte y quedarte en casa viendo películas conmigo.
Detesto tu pasión por algo desinteresante para mí.
Odio que digas quererme cuando sabes me estás perdiendo. Odio tu falta de valor por las cosas. Odio tu barbilla de 2 días queriendo encontrar mi cuello.
Odio el tener que ir a la ducha y encontrarte de casualidad. Odio tener que ir a tus fiestas familiares o a tus reuniones de trabajo. Odio a tus amigos.
Odio tener que ir por la lista del super tomados de la mano.
Odio, ¡ODIO!, tus besos saladas. Odio tus lágrimas rodando por tu mejilla queriendo encontrar algún tipo de consuelo.
Hay una lista interminable de cosas, cosas que antes me gustaban y se me hacían graciosas.
Al igual que hay una lista interminable de cosas que e gustan, pero últimamente no me fijó en eso.
Hay mil razones para irme por cada una que me dice que me quede.
Y simplemente me voy porque quiero irme, mucho más de lo que anhelaba quedarme.
Te quiero, tantas infinidades como juré, pero también es cierto es que nunca el cariño dura tantas inmensidades como quisiéramos.
Y es por eso, por todo, que te dejo.
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