Su último beso.
Recuerdo un beso, que quizá fue el único beso que valió la pena, que tocó mi alma. Y sí, así fue. Me dio gusto que me regalara el último que pudo dar. Se esfumo tan de pronto, se fue y ni siquiera adiós dijo, sin embargo agradezco que haya estado unos segundos más conmigo. El tacto de sus manos no se esfumo, incluso sin siquiera tocarme. En ocasiones duele, duele como si te enterraran un clavo en la cabeza. Duele de la forma más hiriente que pueda existir. Y yo no me fui, no fallecí en ese instante sino hasta después. Cuando vi su cuerpo postrado en una caja muy lujosa y bonita. Sus ojos se cerraron, su sonrisa se borró tan rápido pero tenía los pómulos rosados y la piel limpia y brillosa. Quisiera haber podido quedarme un instante más a su lado, sin que la vista se me nublara o mi rostro estuviera empapado de lagrimas. Recuerdo el primer y último beso, que al contrario de ella, ese sigue vivo. Vivo hasta que yo muera, y alguien más recree la misma escena; de v...