Entradas

Cuando dejes de doler.

Hace un par de días que voy pensando más de lo normal, en cómo acabó todo y cómo empezó; la primera cita junto con el primer beso, el primer te quiero con un poco de helado, la primera pelea que terminó en sexo, el primer te amo con lágrimas en los ojos. A decir verdad no esperaba que siguieras en mí, juré que estabas a nada de salir de mi vida inclusive antes de que todo acabará; y me he equivocado. Supongo que siempre lo hago, siempre he supuesto cosas, he dado por hecho algo que termina siendo lo contrario. Y puedo decirte que hablar de ti hace un año era tenerte rencor, odiarte con todas las ganas que me daban, repudiar las palabras de cariño que alguien me recordaba que venían de ti. Tampoco voy a mentirte que no siguen siendo así, porque inclusive cuando siguen mencionándote algo dentro de mí se mueve como esperando a darte esa bofetada que realmente te mereces. Sigo preguntándome ¿hasta cuando? ¿Hasta cuando dejarás de estar presente en mí?, inconscientemente, p...

Cinco minutos más.

Dame otros cinco minutos, vuelve a mí como solías hacerlo, grita cuando estés molesta y llora cuando te sientas vulnerable.  Inclusive aguantaré que digas una y otra vez que tan necesitada puedes llegar a ser, y yo volveré a decirte que me quedaré.  Vuelve a ser mía, aunque nunca lo fuiste.  Vuelve a sonreírme de la manera en que lo hiciste.  Llama a las dos de la mañana solo porque querías oír mi voz.  Manda un mensaje de texto solo para recordarme que la carne roja me hace daño, o que nuestro equipo favorito ganó.  Quizá hasta te pueda dar la razón justo cuando dices que llegas a quererme más.  Dame cinco minutos más mientras tus manos se acomodan debajo de mis costillas y hundes tu cara en el espacio qué hay entre mi cuello.  Festeja de felicidad cuando has hecho lo que más te satisface, corre entre la multitud solo para chocar tus labios contra los míos.  Golpea tan fuerte mi cabeza con tus “te amo”.  Gir...

Y aquí estamos.

Quién nos iba a decir a nosotros que, después de tanto tiempo, volveríamos a estar en el mismo punto exacto que cuando nos conocimos. Han pasado muchos meses, años incluso, y, en cambio, aún parece que fue ayer. Tu misma cálida sonrisa, tus mismas bromas improvisadas, tu peculiar inocencia bañando aquel bonito corazón, flotando entre largas conversaciones que, al igual que hoy, no deseaba que tuvieran fin. Tanto tiempo recorriendo caminos separados y, a decir verdad, parece que nunca te hubiera soltado de la mano. Supongo que así pasa con todas las cosas que son de verdad, con todas y cada una de esas cosas que consiguen llegar tan dentro que, ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera cualquier otra circunstancia, consiguen alterarlas, cambiarlas, o romperlas en pedazos. Y tú, como intuí el primer día que la casualidad te puso en el lugar exacto, en el momento y sitio perfectos, llegaste para quedarte. Pasaste de ser alguien cuyo nombre ni siquiera conocía a convertirte en una persona...

Esperé por ti, pero llegaron por mí.

Fue tanto tiempo que rogué volvieras a mí. Que un día, de la nada todas tus ganas de estar conmigo regresarán y pudiéramos reescribir el futuro, planear nuestro presente y olvidar lo pasado (lo herido). Me senté más de 500 veces en nuestro "lugar especial", fumando, tomando, llorando, pensándote, pidiéndote. Te esperé, largos y tediosos días. Conté los meses que faltaban para esa fecha en especial, ingenuamente pensando que la recordarías y todos tus sentimientos florecerían junto con la primavera. Recité una y mil veces tus cartas para que no se me olvidará cada palabra, cada promesa, cada espacio, cada coma, cada punto, cada esencia de ti en ellas. Inclusive me emocionaba tanto como las primeras veces el solo hecho de pensar en tu regreso. Me quedé años enteros pensando en tus "te amo" susurrados a las dos de la mañana, y ansiaba tanto que volvieran. Y me perdí tanto en ti, que un día, de la alguien me escuchaba hablar de ti, de la forma más tradicional que...

All I want for X-MAS is not you.

El correo había llegado, y mi mamá me sorprendió dándome un sobre. ¿Para mí? Si yo casi nunca recibo correspondencia. Era un sobre color rosa, con mi nombre en él. Subí a mi cuarto y aventé el sobre a la cama, no me interesaba mucho qué había dentro, era un poco irrelevante. A eso como de las cinco de la tarde volví a subir, había olvidado que tenía que abrirlo. Tarde unos segundos pensando qué podría ser. En fin, termine por abrir cuidadosamente dicho sobre, era una tarjeta navideña. En seguida pensé que  la agencia de mis seguros lo había mandado, siempre recibo tarjetas de cumpleaños junto con antifaces y una frase  motivadora con mi nombre en mayúsculas. Pero no, no era de la agencia, ni tampoco de nadie de mi familia. “Todo lo que quiero para Navidad… eres tú” y una firma muy familiar. Me quedé segundos sin hacer nada. Era de quien me dolió, de quien me partió el alma. Pensé en tener algún tipo de sentimiento respecto a eso, pero no surgió nada. No me hacía s...

Todo lo bueno contigo dura poco.

Y justo me encontré en el coche, llamándole a mamá para que supiera que ya iba en camino pasaban poco de las 9:15 y me dijo que no tendría que pasar por mi hermano, que viniera con la calma del mundo y me sorprendió; casi porque siempre mi mamá va alardeando de que llego tarde, o que solo iba a salir un par de horas, que la cena se enfría o que necesita que cargue con todo el peso del recuerdo de los días o yo qué sé. Me bajé cuadras antes, cinco a decir verdad, solo para caminar y saber qué había significado “esto”. Apenas azoté la puerta cuando un mensaje tuyo llego <<Me gustas. >>. Solo eso decías, y descubrí que estaba sonriendo. Joder, mi sonrisa la pudo notar la muchacha del otro extremo de la cera, pensando qué diablos me pasaba. Pero como todo lo bueno contigo, me dura poco.  Me llené de todas las estrellas, la luna brillaba un tanto diferente, todo era un tanto diferente pero ¿yo? ¿Yo estaba diferente, me sentía diferente, fui diferente? La realidad e...

Vaquero Inquebrantable

Llevaba el trozo de papel que le di en dónde llevaba escrito todo lo que sentía por él, el amor y el odio que me causo en ciertos puntos de mi vida, la que compartí y sin duda alguna le regalé. La última batalla que dio frutos era devastadora para algunos y gloriosa para él. Me escribió que antes de dormirse leyó cada una de mis letras, más sin embargo no le causó ninguna nostalgia. Sino todo lo contrario, se sintió tan fuerte de poder despedirse, se sintió como se siente el que por fin es libre. Y no porque haya sido libre literalmente o quizá sí. Talló en su celda nuestra fecha y se fue volando por los aires más puros. En donde el amor de toda su vida lo esperaba. Y aunque me hubiera dolido en el alma, no fui ni la primera ni la última mujer a quien quiso, pero que sin duda me llego a demostrar que el cariño que sentía por mí nunca se comparó con el de otra más. Me dan ganas de irme con él, de huir al mismo horizonte en donde le esperaba una vida mejor de la que tuvo jun...