Nos vi, pero ya no éramos, y creo que nunca fuimos.
Hace tiempo que no recordaba
una miga de nosotros.
Pensé que mi cerebro me protegía de algo,
para no llorar,
para no errar en quererte llamar.
Hoy nos vi, borrando recuerdos del celular.
Nos vi y fue inevitable no llorar.
Lo más extraño de todo,
es que no fue amor,
mucho menos de dolor.
Fue una emoción bastante extraña,
una desilusión,
una decepción abismal me recorrió.
Nos vi, y te vi, viéndome.
En tus ojos no se veía
ni una pizca de lo que decías sentías por mí.
Fue como ver a dos extraños queriendo simular.
Tus manos parecían tocarme,
pero no era así.
Tu boca parecía besarme
y no estaba ni cerca de eso.
Me vi, viéndote,
recordé como me sentí.
Chiquita, insignificante.
Pedía a gritos que me vieras.
Que se notara que me querías.
Nos vi y lloré,
lloré porque pensé que lo que decían los demás solo era su propia ilusión.
Y más bien, la ilusionada fui yo.
Queriéndome quedar en un lugar
que no me pertenecía,
al que nunca pertenecí.
Nos quisimos hacer tontos,
quisimos engañar al destino.
Pensando que éramos hogar, juntos.
Nos vi y recordé al corazón
queriendo salirse de mi pecho,
y tus manos no temblaban,
ni sostenían.
Inmóvil.
Imbésil yo.
Nos vi y lloré,
lloré porque ya no estabas,
porque nunca estuviste.
Y mil preguntas dieron vueltas,
¿Cuándo fue que todo se terminó?
¿Siempre nos vimos así?
¿Que noche fue que me dejaste de querer?
¿Por qué no paramos a tiempo?
Fue inevitable vernos y no quererte encarar,
para cuestionarte,
para reclamarte mi tiempo.
Enojarme porque destruiste mi lugar.
Si siempre me viste así,
¿por qué no te fuiste antes?
Nos vi, y recordé que ya no nos vemos.
Que no nos volveremos a ver.
No por rencor,
no por odio.
No nos veremos porque ya no hay lugar,
y si antes no lo vi,
ahora me veo y pienso,
aquí ya no cabes.
Y yo no me volveré a hacer chiquita,
para entrar por una grieta,
por mucho que quiera encajar ahí.
Comentarios
Publicar un comentario