Sin título.
Estoy decayendo, hace días que no escribo, la última vez que lo hice fue el 18 del mes pasado. Todo me parece absurdo e incoherente, me refiero a todo, literal. Ni siquiera le encuentro sentido a esto, no sé exactamente qué quiero decir o dar a entender, es como estar vacía todo el tiempo. Cuando algo me sale mal me desespero y lo boto, como con las matemáticas en octavo grado, sino fuera por mi mamá y su "poder" de autocontol sobre mí ya hubiera repetido la materia, y ahora estaría más perdida que antes. Mi QuickNote se cierra cada 2 minutos y nada de lo que escribo ahora se guarda, así que lo reescribo, es algo desesperante y tedioso, lo que ahora leen puede que haya sido escrito de otra manera, hace 30 minutos. Hoy no escribo con el fin de que alguien me lea, sólo lo hago, sin querer recibir alguna congratulación. Estos últimos dos meses he dejado de ser yo, o tal vez he empezado a ser en realidad lo que soy.
"Depresión distímia con lapsos de depresión severa"... creo que es lo único que recuerdo al tener 6, 12 y 17 años, exactamente esas palabras dichas por un disque doctor que lo único que hace hacerles a mis padres es llevarme con terapeutas, psicólogos, psiquiatras e infinidad de médicos, y siendo más cómico, todos con la misma facha; hombres con bata o abrigo de poliester y barba, lentes grande -consecuencia de la miopía a sus 39-, cabello semi abundante pero con una gran calva en el "cocolizo", canosos por el estrés, y por si fuera poco, seres "amables" con una sonrisa deteriorada por los cigarrillos; como si de verdad necesitará de alguien ajeno a mí, me escuchará y me repitiera "Y eso cómo te hace sentir... ¿se lo has dicho?... ¿tú cómo te sientes?... ¿qué es en realidad lo que me quieres explicar?... ¿cómo te fue en la semana?... ¿qué tanto has dormido hoy?... pareciera que has tenido jaqueca toda la semana... No te veo bien, Ab... explícame... ¿gustas más agua?... Estoy aquí para oírte decir todo, inclusive lo malo" Entre mil frases más que ahora no puedo recordar, mucho menos concretar. Y ahora mi poco entendimiento de tantas cosas revueltas en mí es ingratificante. Si ésta en realidad es la que soy, ya no quiero serlo. Tener todo junto en una sola "personita" -como me decía mi hermano- es deteriorante, y hasta ahora dudo acabar esta "nota".
Ahora me veo hostigada de todo, tomando café sin ningún alimento en el estomago desde la cena de antier y mintiéndole a mi mamá y a mis amigos que he comido bastante, sólo para no preocuparlos más de lo que ya están, escuchando a LOL, y cuando el aleatorio conspira conmigo, repetir la misma canción mil veces -una de mis favoritas- y quedarme dormida 3 horas, despertarme y hacer mi cama simplemente para volver a recostarme dentro de una hora más. Llevo dos semanas viendo las mismas películas, llorando los mismos finales. Por desgracia o suerte mía ya casi no hay nadie en la casa, o ya casi nadie le presta atención a el individuo que se sienta a un lado suyo a la hora de la comida. Creo ahora, era mejor cuando no los veía la mitad de mi día por estar en el colegio, me recibían como si me hubiera ido días, y la única ocasión que compartíamos en la mesa era la merienda, parecían tiempos mágicos. Ahora veo un panorama diferente, una escena en la cocina, la comida que es lo que compartimos, y se me hace catastrófica. Mi padre come leyendo el periódico, sentado con una pierna levantada y postrada en la silla siguiente, haciendo ruidos desagradables y riéndose de las finanzas, chistes y cosas que puede encontrarse en un vistazo. Mi madre con atención a su plato y de vez en cuando diciéndole a mis hermanos que dejen los móviles a un lado. Estos no haciéndole caso, riéndose de publicaciones o jugando Minecraft en la nueva app que tuvieron que comprar para satisfacerse. Y posteriormente, yo, sentada a la cabeza de la mesa, quién a la misma hora, siempre, termino por ver la misma pintura de frutas y tarros que está colocada frente a mí, en una pared blanca e insípida, admirando el contraste de los colores o yo qué sé y hasta en ocasiones viendo el reloj que está detrás de mi madre, esperando a que los minutos pasen y tenga que volver a mi habitación a "hacer nada" -como siempre me reprocha mamá-. Y ahora es todo lo que compartimos.
Extraño ser extrañada durante el transcurso del día y a la hora de mi llegada, 9:40, mis hermanos se emocionen y no nos dure suficientemente la merienda para que me cuenten de cómo les fue, y mi mamá se llegué a hartar de tantas cosas que platicamos aunque igual y le da gusto vernos de tal manera, pero ahora, todo cambia y sin más, terminamos por ser sólo inquilinos de nuestros propios cuerpos...
Ya hasta me suena trillado el día en que tendré que ir al médico cada tercer día y mi madre diga, justo a la 1:30, "Vayámonos, se nos hace tarde. Apúrate, no tengo tu tiempo" y yo tenga que bajar con prisa, medio despierta, medio dormida y hasta en ocasiones gritarle minutos antes con el cepillo entre los dientes para que me deje terminar a gusto, porque nunca está de más llegar tarde unos segundos. Pero ahora, sólo espero a que vuelvan esos días, no tardarán mucho y llegarán para meterme antidepresivos otra vez. Tendré que esperar a que mi madre vuelva a regañarme por tomarme las pastillas diarias con un vaso de whisky con dos hielos en forma de peces, como la canción de Joaquín Sabina....
Recordando todo aquello que he vivido y posiblemente vuelva a vivir, está mi armonía y mi tranquilidad; todas las tardes en dónde mirando la ventanilla del transporte o el coche de papá me imagine infinidades de mundos, infinidades de letras, y recite poesía en voz baja creyendo que nadie me escuchará, queriéndome a mí, sin más. Sintiendo cada nostalgia de esos días, cada poro enrizado en la tes de alguien más, cada instante y minúsculo detalle que me guardo, y toda la memoria que tengo ahora me confirma, estoy decayendo.
Cayendo. Perdiéndome. Extrañándome. Extrañándolos. Terminando con todo lo mío, con todo lo que un día fui o fuimos.
Comentarios
Publicar un comentario