Lágrimas en el metro…

Al salir de mi casa, nunca pensé que terminaría escribiendo de algo que me acontecería en el metro:
Esta tarde me subí al metro pensando un sinfín de cosas y sintiendo una pluralidad de sentimientos. Y como ya es costumbre, decidí sentarme en un asiento junto a la ventana; si, soy de esos que van viendo al vacío en movimiento a través de una ventana en cualquier vehículo, me resulta tan inspirador y relajante. Pero durante mi viaje urbano por la ciudad, por alguna razón volteo a ver hacia el asiento que me quedaba en frente, el metro se encontraba lleno, pero en un espacio vacío entre persona y persona se lograba distinguir el rostro de una mujer; la cual, comenzó a llorar sin previo aviso. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, sin poder contenerlas. No quería llorar, no ahí, no en ese lugar; pero mientras más limpiaba su rostro más brotaban las lágrimas de sus ojos, casi podrían decirse que sus lágrimas parecían la Hidra de Lerma. Sus lágrimas no dejaban de salir y eso la hacía sentirse aún peor…
Pero, ¿Por qué lloraba esa mujer?
—Acaso la transigencia del tiempo afloraban las lágrimas de un corazón herido, de un corazón que ha sufrido demasiado. Haciendo que no importe el lugar ni el momento ni la hora, y así como un vaso que ya está lleno y vertimos más agua en él, este corazón colapsó su capacidad de transigencia—
Pero, no podía saber porque lloraba, y mientras la travesía urbana seguía su curso, solo podría ver en sus ojos ese deseo en su alma, ese deseo que agonizaba y golpeaba su corazón con fuerza, provocando ese desahogo involuntario. Y, cuando menos lo esperaba, ella sintió mi mirada, volteo y vi de frente esa mirada con dolor. Solo pude sonreírle y decirle en medio de todo el ruido urbano "todo va estar bien" y volví a sonreír…
Ella, en medio de lágrimas, sonrío. Sin pensarlo, me puse de pie, y entre empujones y gestos que podrían matar si pudieran, llegue hasta donde estaba y le dije "no sé qué es lo que aqueje su alma, pero así como mi pañuelo puede secar sus lágrimas, espero también pueda consolar su corazón", saqué mi pañuelo y se lo di, ella seco su rostro, y sonrío." No quise preguntar, el porqué de sus lágrimas, ya que su rostro avergonzado y su tristeza profunda, esa que se le notaba, me dijo que por favor no preguntara más. Solo me quede ahí, haciéndole compañía.

El metro llego a la parada donde ella bajaría. Sin decir más que un "gracias" ahogado en lágrimas, se despidió de mí. Ahí, se encontraba un hombre, el cual pareciera que la esperaba por alguna razón que desconocía. Sus lágrimas aun hacían una tormenta en su rostro.
Y ahí me quede, con el pañuelo en mi mano lleno de desahogo de su alma, viéndola como partía y sin saber la causa de sus lágrimas, esas lagrimas que conmovieron mi corazón de tinta y me hicieron escribirles hoy.

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