Luz.
La primera cita no fue nada especial, salpicada por los caprichos de la inmensa ciudad, error en la reservación, tráfico, el clima no ayudaba demasiado. Incluso la radio fue interrumpida por un programa especial sobre algún problema importante que afectaba a la nación.
Él tenía mucho tiempo sin salir con nadie, no por alguna razón en específico, simplemente porque a veces es así, por lo tanto, el en realidad tenía muchas expectativas, quería demostrar lo mejor de él. Ella vivía algo similar, tal vez cansada de citas y citas que no llegan a ningún lado, silencios incomodos, y siempre en esa ficticia luz de los faroles, de la radio del coche, de los coches que pasan y de los semáforos, esas luces que hacen parecer más irreal todo, de lo que ya parece.
El paso por ella a tiempo, había escogido con tiempo su atuendo, no quería que se viera que se esforzaba demasiado, pero, por dios! Una pequeña ayudadita nunca está de más, y ella… ella lucia lo mejor que podría, y no es que se combinará demasiado o se tomara muy enserio, solo le gustaba verse bonita.
El tráfico fue fatal, con la lluvia, los vidrios que se empañan, su estación habitual lo había traicionado, fallando de último momento, sin embargo la charla no fue mala, en algún momento incluso los dos sonrieron muy cercano de soltar una risa discreta que se perdiera en el interior del automóvil. A la hora de llagar a aquel pequeño restaurante, la chica de las reservaciones lo había olvidado por completo, y el lugar al ser tan pequeño, estaba lleno. Caminaron a otros restaurantes cercanos, sin mejor suerte, terminaron en alguna franquicia tomando café y cenando fruta, mientras hablaba ella.
Sus frases iluminaban todo, como chispas de luz que flotan y se multiplican al haber contacto con algo, el la observaba con unos ojos infinitamente tristes. Sin embargo él estaba más feliz que nunca, aunque su cara plana no demostraba nada, y ella hablaba y hablaba, reía y gritaba otro poco.
La cita llego a su fin, sin decir mucho el pidió la cuenta y caminaron largo rato sobre la banqueta, en aquella noche de invierno en dirección hacia el coche que estacionaron lejos. Ella brinco algunos de los charcos, incluso demostró su equilibrio en alguna pequeña barda que apareció por allí.
El regreso a casa de ella, ya en el auto fue silencioso y muy ágil, por la noche no había tráfico, ella recargo la cara contra el frio cristal del automóvil, mirando las luces descomponerse en lo húmedo de la ciudad. Fue muy poco lo que hablaron, sin embargo el hace mucho no se sentía tan feliz ni tan pleno.
Cuando la dejo en su casa se despidieron como sin quererlo, con un mediocre beso en la mejilla que poco dijo de la noche, que los dos tanto disfrutaron, ya en sus casas, cada uno de ellos hizo lo propio, y pensó por el otro. Llegando a la conclusión de que la cita había sido un fracaso y nunca más volvieron a verse. Aunque ninguno de los dos olvido jamás la insignificante cita.
Tu historia esta genial, pero podrías cambiarle algunas cosas y estaría aún más;)
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