Te convertiste eso.
Eres el comenzar de nuevo, el despertar por las mañanas con sabor a cigarro, café y un poco de embriagante sabor a besos a cena de la noche anterior.
Eres el sonido de la voz que susurra entre mis oídos, ese sonido que nadie más me hizo escuchar hasta el amanecer de un nuevo día. Aquella luz blanca en el túnel o el puente corredizo entre las lineas de aquel parque vació y solitario, eres el suave sabor que pasa por mis labios y el susurrante y inpigmentable color del lápiz, ese que dibuja tu espalda y tu torneada silueta en hojas opalinas.
Eres el principio del libro y el final feliz del cuento, eres la silaba más aguda entre mi vocabulario y el enervante color de mis mejillas.
Aquel "Adiós" y Aquel "Buenos días" que tanto le gusta escuchar a la gente con buena educación.
Alguna vez haz intentado no sonreírme, no enamorarme, no tener esa bonita costumbre de saludarme, pues prefiero que lo sigas haciendo para oírte en silencio, para enamorarme de ti de la manera entre cadenas y rimas, entre libros con olor a neftalina.
Eres la tinta esperando a ser usada, el libro esperando a ser olvidado y el amor esperando a ser recordado, como aquellos buenos momentos, aquellos recuerdos que hunden tus ojos entre el llanto.
Aquello que quiero en mi vida en eso te convertiste...
Eres el sonido de la voz que susurra entre mis oídos, ese sonido que nadie más me hizo escuchar hasta el amanecer de un nuevo día. Aquella luz blanca en el túnel o el puente corredizo entre las lineas de aquel parque vació y solitario, eres el suave sabor que pasa por mis labios y el susurrante y inpigmentable color del lápiz, ese que dibuja tu espalda y tu torneada silueta en hojas opalinas.
Eres el principio del libro y el final feliz del cuento, eres la silaba más aguda entre mi vocabulario y el enervante color de mis mejillas.
Aquel "Adiós" y Aquel "Buenos días" que tanto le gusta escuchar a la gente con buena educación.
Alguna vez haz intentado no sonreírme, no enamorarme, no tener esa bonita costumbre de saludarme, pues prefiero que lo sigas haciendo para oírte en silencio, para enamorarme de ti de la manera entre cadenas y rimas, entre libros con olor a neftalina.
Eres la tinta esperando a ser usada, el libro esperando a ser olvidado y el amor esperando a ser recordado, como aquellos buenos momentos, aquellos recuerdos que hunden tus ojos entre el llanto.
Aquello que quiero en mi vida en eso te convertiste...

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